Yo.0

Sebastián Moncada

Recuerdos de Frankfurt

Goethe


De Frankfurt,
por ejemplo,
donde jamás he estado,
te he traído,
lo primero,
un Yo, que pretendía,
y un grave desencanto de alemanes
obedientes
que rugen como tanques
con el nombre,
Jürgen, dicen,
y yacen
en la Feria del Libro
encadenados
al intelecto,
creo.
O en la oficina.

Deshago las maletas y se muestra,
además,
en la etiqueta del check-in,
una herida punzante
en mi nivel de inglés,
de pronóstico reservado a los amigos.
Y un cuaderno azulón
contusionado,
con un dolor difuso
en su capacidad de contener
y de entender
la weltanschauung.

En la ropa
de invierno
mal doblada,
precipitadamente,
traigo
un hartazgo de ópera,
de música
y, en general,
de alta cultura.
Y traigo
un frío
vertebral de trinchera prusiana,
de pensamiento abstracto
y amor reconstruido,
si bien delineado,
si bien irreparable,
lívido,
demudado,
y una pulsión mortal de endecasílabo
como un verso de Goethe
conocido
para poder morirse
en él
por cada letra
leída.

Te traigo,
si me miro en el espejo,
un certificado de concupiscencia desatendida.
ganas de fumar,
ganas de beber
y hambre ninguna.

Y de las calles
y los versos de Borges
que nunca he conocido,
apenas si te traigo
un plano subrayado
amablemente
por la recepcionista
del hotel;
y un ticket cancelado,
entre sus pliegues,
de un trayecto de metro,
con el chiste esperado,
reído,
llorado desde siempre,
al dorso del recuerdo.

Del Meno,
una postal
traslúcida
en la mente.

Y en el fondo
del alma
de la bolsa de mano
un bote de perfume
que ha pasado
inesperadamente
todos
los controles.

 

Tags: Poesía de secano

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