Yo.0

  • Te doy una canción

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    Escrito el Sábado, 02 Junio 2018

     

    Cómo gasto papeles recordándote.
    Cómo me haces hablar en el silencio.
    Cómo no te me quitas de las ganas
    aunque nadie me vea nunca contigo.
    Y cómo pasa el tiempo
    que de pronto son años
    sin pasar tú por mí
    detenida.

    Te doy una canción si abro una puerta
    y de las sombras sales tú.
    Te doy una canción de madrugada,
    cuando más quiero tu luz.
    Te doy una canción cuando apareces
    el misterio del amor,
    y si no lo apareces no me importa:
    yo te doy una canción.
     
    Si miro un poco afuera, me detengo.
    La ciudad se derrumba y yo, cantando.
    La gente que me odia y que me quiere
    no me va a perdonar que me distraiga.
    Creen que lo digo todo,
    que me juego la vida,
    porque no te conocen ni te sienten.
     
    Te doy una canción y hago un discurso
    sobre mi derecho a hablar.
    Te doy una canción con mis dos manos,
    con las mismas de matar.
    Te doy una canción y digo Patria
    y sigo hablando para ti.
    Te doy una canción como un disparo,
    como un libro, una palabra, una guerrilla,
    como doy el amor.
     
                          Silvio Rodríguez
    Etiquetas: Hyperpoesía
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Revuelta de Haymarket

 

El grabado, publicado originalmente en The Harper's Weekly el 15 de mayo de 1886, recrea una explosión durante la revuelta de Haymarket.

Lo traigo a colación de la opinión de un querido amigo, que propone la regulación de las huelgas al 20% de las plantillas para evitar "seguir estando en mano de colectivos que secuestran la libertad de los demás en el desmesurado beneficio propio".  Y yo, ahora que está aflorando nuestro lado cimarrón, le doy la razón histórica.

Al fin y al cabo tengo la convicción de que las huelgas no pueden ser hechos institucionalizados sin perder su sentido y su eficacia. Quizás tendrían que volver a ser hechos ilegales, violentos, salvajes y mortíferos; hechos vivencialmente decisivos, de gente que lucha y ama desesperadamente, mientras se juega el pan, la vida y el futuro sin seguridad ni amparo, a la intemperie del orden y la ley. Así, como en 1886. En el camino de la conquista de los derechos sociales.

 
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