Yo.0

  • Te doy una canción

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    Escrito el Sábado, 02 Junio 2018

     

    Cómo gasto papeles recordándote.
    Cómo me haces hablar en el silencio.
    Cómo no te me quitas de las ganas
    aunque nadie me vea nunca contigo.
    Y cómo pasa el tiempo
    que de pronto son años
    sin pasar tú por mí
    detenida.

    Te doy una canción si abro una puerta
    y de las sombras sales tú.
    Te doy una canción de madrugada,
    cuando más quiero tu luz.
    Te doy una canción cuando apareces
    el misterio del amor,
    y si no lo apareces no me importa:
    yo te doy una canción.
     
    Si miro un poco afuera, me detengo.
    La ciudad se derrumba y yo, cantando.
    La gente que me odia y que me quiere
    no me va a perdonar que me distraiga.
    Creen que lo digo todo,
    que me juego la vida,
    porque no te conocen ni te sienten.
     
    Te doy una canción y hago un discurso
    sobre mi derecho a hablar.
    Te doy una canción con mis dos manos,
    con las mismas de matar.
    Te doy una canción y digo Patria
    y sigo hablando para ti.
    Te doy una canción como un disparo,
    como un libro, una palabra, una guerrilla,
    como doy el amor.
     
                          Silvio Rodríguez
    Etiquetas: Hyperpoesía
    1 comentario Visto 19 veces Leer más...
Heteropatricarcado

 

Todos los cuñados de España llevan unos cuantos días haciendo chanzas sobre unas palabras de Alberto Garzón sobre el heteropatriarcado: ¡Qué tendrá que ver lo de Orlando con el heteropatriarcado, coño!

Apoyan sus risotadas en la obviedad de unos vídeos de clérigos musulmanes que justifican la muerte de los homosexuales en nombre de la religión. Supongo que no debe parecerles suficientemente heteropatriarcal esta sociopatía religiosa, tan cara a los amigos saudíes, capaz de convertirse en catalizadora de identidades colectivas viables y normalizar el despeñamiento de los maricones, el velo y el sometimiento de las mujeres, el mercadeo con ellas, su violación y su esclavización, o el lapidamiento hasta la muerte de las adúlteras, con cincuenta latigazos para los adúlteros como justa compensación.

El asesino de Orlando -un estadounidense, dicen- vivió su particular camino de Damasco al ver besarse a dos hombres en Miami; sufría y se sentía amenazado por el reconocimiento jurídico del matrimonio homosexual -el mariconio de nuestros montaraces-; y comprendía el sometimiento de las mujeres con la misma naturalidad con que los cuñados -estos protomaltratadores- niegan, relativizándola, la violencia machista y heteropatriarcal: que es un invento de feminazis, se justifican.

Aparte, no sé qué tratan de demostrar estos hijos de puta con sus risotadas. Les hablo en su idioma, eso pretendo. O sí, sí lo sé: tratan de demostrar que los responsables de la masacre de Orlando fueron los refugiados sirios.

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