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Jueves, 26 Julio 2012 13:10

La cola de la sopa

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Me tropiezo en la red con una noticia de las que, después de mirar de qué día es y de dónde, te quedas pillado.

La noticia es un poco pasada, pero da igual: por hacer sangre. O sea: que los del BBVA van a ayudar a los de Cáritas a "optimizar" los recursos que ofrecen a las familias repercutidas por la crisis, dado el desmesurado incremento de la demanda asistencial, y les van a explicar cómo va el tema.

Hago una pausa para quejarme en plan minimalista, en voz baja y sólo para mí...

"Madre mía", murmuro.

La iniciativa es parte de un plan mediante el que, por una parte, los empleados supervivientes del BBVA eligen a unas entidades que después se benefician. Por la otra, el banco pone un dinerillo que se destina a unos “colectivos desfavorecidos” que, con un poco de suerte, pueden ser conocidos del propio banco pero por otra ventanilla, con la condición de que no se lo gasten en vicios esta vez.

Como ya ni siquiera dudo de la buena fe de los expertos del BBVA, ni quiero interferir en sus buenos propósitos -y que estudien todo lo que quieran-, ahí les ofrezco esta foto, por si les sirve de inspiración para la implementación logística, que dirán. Fíjense en el detalle: ordenados, atentos y pidiendo la vez. ¡Con dos cojones la hermana!

Efectivamente, la noticia es casi una caricatura. Sin embargo, se le ve todo a eso que se llama responsabilidad social corporativa de las empresas, a esa -digamos- sinergia, caro vocablo del sector non profit. Es una sinergia burda y pedestre, ya lo sé, como la del hambre que se junta con las ganas de comer, pero es una sinergia al fin y al cabo. Es decir, si urgente es para unos la necesidad del maquillaje y el disfraz de cordero, la de pillar lo que sea para surtir la alacena es para los otros imperiosa. De éstos, unos lo hacen porque viven de ello, en todos los sentidos, y comen de la olla. Y luego están los otros que se prestan al juego por ese oportunismo de buena fe, estrechas miras y cortas entendederas llamado pragmatismo.

Y, en fin, que hay mascaradas y mascaradas.

 
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