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Miércoles, 12 Octubre 2016 18:09

Buscando la Hispanidad personal

 
He ahí el Himno a la Raza Ibero Americana, de Vicente Nieto y José Mulet, con nombre, letra y partituras originales de 1919. Un tesoro rescatado del olvido como nueva contribución personal a la historiografía rosa de la Nación. Quién no quiere ser español después de esto, coño.
 
Os la dedico, amigos restantes; y se la dedico especialmente, en la conmemoración imperialista de la vieja Raza capitidisminuida -parezco un loco escribiendo, lo sé, lo sé, lo sé-, a los camaradas cuñados de izquierdas que convalecen estos días intoxicados de Podemos y ahí andan, o deambulan, en proceso de búsqueda de la Hispanidad personal; trastornados como Regan MacNeil pero sin voz cavernosa de demonio blasfemando, sino de arzobispo primado cantando a la lengua común, al azul del mar, al caminar del sol y a la unidad de destino, ora; ora de Javier Fernández llamando a amar al prójimo y a sus semejantes; entre delirios falangistas de grandezas conquistadoras; y visiones de Vizcarra, Maeztu y Gomá gloriándose en el evangelio de la lengua civilizadora de Cervantes, y al carajo si alguno no lo entendió a la primera.
 
Vizcarra, Maeztu y Gomá, por cierto y para más inri: dos vascos y un catalán que nos dejaron envuelto el regalito antes de querer pirarse.
 
Ea, camaradas: Viva España y que se nos empine el pollo de San Juan.
 
¡Neolatinos! ¡Que impere la raza
de Cervantes, de Cid y Colón!
Brille siempre radiante y hermoso
de sus ínclitos triunfos el Sol.
 
Con los lauros de Marte y Apolo,
nuestros padres tejieron la Historia.
En sus hojas deslumbra la gloria.
Cada línea es bellísima flor.
 
Eran ellos guerreros y sabios.
Ellos fueron titanes del Arte
y doquiera el ibero estandarte
con la raza en los siglos venció.
 
Sucesores de tanta grandeza,
defendemos la herencia preciada
del deber en la ruda jornada
con ahínco, constancia y valor
 
La Victoria está arriba ¡A la cumbre,
Paladines del Bien y el Derecho!
Con la Cruz redentora en el pecho
y en la diestra el nativo pendón.
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Jueves, 06 Octubre 2016 18:38

Arte y política

La escultura de Inés Doujak en la exposición de San Pablo representaba, decían, a no sé quién. Si es verdad eso de que la versatilidad y la liquidez de los significados, la virtualidad de su polisemia, son parte del fundamento de la pervivencia de la obra artística, o al revés o lo que sea, entonces va a haber que darle la razón a Javier Fernández cuando dice que "abstenerse no es apoyar al PP".

Pero vamos. que el lobo tiene toda la cara de Rajoy.

 

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Lunes, 03 Octubre 2016 19:57

Vengo buscando pelea

 
Y en la venas me hierve la sangre
cuando a alguno le escucho decir
que en España se acaban los cantes,
porque mi cante no se va a rendir.
 
Vengo buscando pelea.
 
 
Silvio y Sacramento por Antonio Molina.
 
Perfecta para relajarse al final de un lunes.

 

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Lunes, 03 Octubre 2016 18:55

Yo te quiero verde

 

Yo te quiero verde, sí.
Yo te quiero verde, ay.
Yo te quiero verde.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verde rama.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Verde.
Yo te quiero verde, sí.
Yo te quiero verde, ay.
Yo te quiero verde.

Con la sombra en la cintura
ella sueña en la baranda,
verdes ojos, negro pelo,
su cuerpo de fría plata.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por tu casa,
mi montura por tu espejo,
mi cuchillo por tu manta.

Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Y si yo fuera mocito,
ya este trato lo cerraba.

Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.

¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está esta niña amarga?
¡Cuántas veces la esperé!
¡Cuántas veces la esperara!

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Verde.
Yo te quiero verde, sí.
Yo te quiero verde, ay.
Yo te quiero verde.

 

ROMANCE SONÁMBULO
(Federico García Lorca, 1924)

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.

 

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