Yo.0

Jueves, 14 Enero 2016 12:17

Se va a encanijar

A veces, de vez en cuando, en mi barrio, durante mi infancia, el curso natural y fallido de la vida depositaba en manos de los niños la suerte de algún cachorro atigrado de gato, hijo de la lujuria felina, noctámbula, mestiza y de maullidos desbocados, que nosotros rescatábamos de la espesura misteriosa de los jardines para proporcionarle, por fin, una vida digna.

A diferencia de las salagartijas y los murciégalos, que trastornaban nuestra inocencia infantil en una vocación letal por la anatomía forense, los gatitos, como los pollitos de colores, cada uno con su clase de desvalimiento, despertaban inevitablemente el instinto maternal y solícito de la horda. Aquellos hermanos lobos, hermanos gatos, hermanos pollos, criaturas todas arrojadas a la improbabilidad de la supervivencia, se entregaban con torpes y parsimoniosos reflejos a sus más sombríos designios, pero comían de todo y sin queja. Leche a ser posible, como correspondía a su condición de lactantes, los gatos, sí; pero también los pollos. Yogur de fresa, si no, como suplemento. O chocolate, o chorizo, o pan con Tulipán en un momento dado, compartidos de la merienda. O cualquier cosa robada de la alacena del hueco de la escalera en un descuido de madre inmisericorde: tomate, galletas o atún, porque los gatos comen pescado -y los pollos, lo juro-, o, al cabo, una pimienta entera "pa revivirlo".

Unos, la mayoría, se evaporaban esa noche y nunca más volvíamos a tener noticias suyas, pero tampoco remordimientos. A otros pocos, elegidos hasta su entierro en un agujero del jardín -en caja siempre y con comitiva-, podíamos acompañarlos, sin embargo, un día más, para entregarles nuestro afecto desbordante hasta matarlos de comer o de otra cosa -puede-, pero no de falta de cariño, pese a las funestas advertencias y protestas del que parecía saber más de estas historias: "Illo, dejarlo ya, que se va a encanijá".

Y, en fin, que me he acordado al ver al bebé de Bescansa pasando de mano en mano por el grupo parlamentario de Podemos.

Se va a encanijar, lo aviso.

 
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Viernes, 11 Junio 2010 04:57

La culpa no es de todos

Mr Costner inventorKevin Costner es un actor y director de cine estadounidense, como sabe todo el mundo.

Yo de cine entiendo más bien poco -eso lo sabe todo el mundo también-, pero podría hablar mucho de Kevin Costner. Podría hablar mucho porque, durante un tiempo, hace ya muchos años, mantuve con él -y esto es ya menos conocido- una estrecha relación casi personal, de las que uno soporta por amor.

Cuando aquello terminó, ya nunca más volví a tener noticias suyas, aunque a él sí que me lo tropecé una vez en una incalificable película titulada Waterworld, pero me hice el longui y pasé de largo.

Nunca más supe de él hasta el otro día, cuando lo encontré de nuevo en el periódico en su nuevo oficio de inventor, menos apuesto pero más maduro. Uno, inventor; y el resto, funcionarios. Madre mía, cómo progresabais los amigos.

Hablaba Kevin -presumirán la razón de la familiaridad- sobre la catástrofe ecológica del Golfo de México: que "es culpa de todos", decía. Sí, de todos. Hasta de BP.

De BP, por cierto, también puedo hablar con propiedad y conocimiento, porque, aunque tampoco entiendo nada de gasolina, también trabajé durante "un tiempo" en una empresa consultora, uf, uf, uf,  que le hacía de departamento de ingeniería. Aquel trabajo no me dió para llegar a "empleado del mes", que no cumplí allí, pero sí para hacerme una idea más o menos sobrecogida de cómo se las gastan. Por eso, en las preguntas que me hago sobre este asunto me cabe siempre la posibilidad cierta de las respuestas más terribles. O sea:  "¿Y ustedes? ¿sabrán ustedes tapar ese boquete?." O veamos: "Poniendo que no sepan ustedes tapar el agujero en este momento, ¿sabría alguno calcular, al menos, en arrobas contantes, sonantes y sin rodeos, cuánto petróleo puede llegar a salir de ahí?. ¿Sabría alguno de ustedes decir si, llegado el caso, lo que sea da para cubrirnos a todos por encima del cuello?". Osú.

Pero yo no quería escribir sobre el pesimismo, sino sobre las declaraciones de Kevin Costner acerca de la marea negra, culpa de todos, provocada por el tolerado incumplimiento de las garantías de seguridad en la plataforma Deep Horizont.

Quería escribir sobre esto porque me parecen unas declaraciones ejemplares y transparentes. Leyéndolas se entera uno de que, durante años, Kevin Costner se ha dedicado a inventar, patentar y fabricar máquinas filtradoras de agua. Hasta treinta y dos tenía el hombre guardadas sin uso ni aplicación conocida; y por fin se las ha colocado a BP a cambio de una buena suma de millones de dólares.

Su comprensible euforia tiene tres razones evidentes. Por un lado, la pasta. Por otro, la jugada, pues BP ha comprado los chismes aun a sabiendas de que no sirven para nada (y lo confiesan los hombres como si tal cosa, ya avisé de cómo se las gastan). Y, en tercer lugar, por la alegría de su señora, porque, pienso, poniendo que cada máquina tenga, por lo menos, el tamaño de una melita, y seguro que son más grandes, a ver las broncas que no se habrá ganado, por muchos metros que le sobren en casa, queriendo guardar treinta y dos trastos inservibles. Así que me parece de lo más normal que Kevin diga que el asunto es culpa de todos. Es más, si dice que, además, se lo cree, también me parecerá normal.

Supongo que esto de querer compartir la culpa (la suerte que se corre en la ganancia, no; esa suerte es más difícil de compartir) ha sido siempre un descanso para la conciencia de los culpables. Es algo que se repite mucho, por cierto, con esto de la crisis económica, de la que también tenemos la culpa todos. Mucho, mucho, lo repiten mucho los que, durante años, en su afán depredador, en su delirio avaricioso, en su codicia sin límites, han estado saltándose cualquier barrera ética, moral, legal y hasta racional que se le haya puesto por delante. Lo repiten mucho los magnates de la cosa, y los mangantes, tanto como sus ingenieros y sus fabricantes de cafeteras.

Pero no. La culpa no es de todos.

 
 
 
 
 
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¿Cuánto cuesta llamar hijo de puta a alguien? A alguien, no sé, a alguien: a un rey, a un ministro, a un diputado, a un periodista, a un vecino, a alguien, a alguien cualquiera. Me he acordado hoy pagando el café, a uno con veinte ya. "¿Habrá subido eso también?", me he preguntado. Antiguamente costaba un duelo a primera sangre y se podía hacer uno un cálculo. ¿Y hoy?. No, hoy no. He investigado y parece que pisamos un campo de minas, porque la jurisprudencia no es clara. De 0, que dice una jueza de Palma, a 200.000, que dice la Audiencia Nacional, no hay tasa fija. Y 200.000 me parece caro, porque creo que hijo de puta es algo que hay que decirlo mucho, como un bien de primera necesidad. Zoido arcarde, desde luego, no nos lo va a poder aclarar, porque se sale por la vía de Tarifa cuando se le pregunta.

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