Yo.0

Sábado, 04 Noviembre 2017 09:53

Izquierda merengue

¿Pero cómo me atrevo a seguir opinando después de lo anterior? No, no, no. Estoy silente y en proceso de búsqueda personal. Pero solo para decir desapasionadamente que la andábamos buscando el otro día; y que he aquí ya al simpatiquísimo Íñigo Montoya, más basista que nunca, y su izquierda disidencialista y de proyecto nacional español. Juventud, madrileñismo, madridismo y kénosis leninista para una izquierda sin justo medio: "Un partido progresista que no reivindica la identidad nacional no es útil". Ea, y a seguir dando palos de ciego, que yo me regreso a mi retiro.

 

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Domingo, 11 Octubre 2015 20:17

¿Qué significa para usted ser español?

Este guaperas es Javier Gomá Lanzón. eximio escritor y ensayista, autor de la "tetralogía de la ejemplaridad", sean lo que sean las dos cosas.

"¿Qué significa para usted ser español?", le han preguntado los de El Mundo con ocasión del desfile de mañana. "Ser español -ha contestado él con naturalidad- es una manera contingente de ser contemporáneo, que me es necesaria para adquirir mi contemporaneidad".

Ole. Y ole. Y ole.

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Lunes, 27 Junio 2016 09:12

Yo soy español

Hoy juega España, gran nación. España: furia, orgullo, imperio, destino, pasión. España: sentimiento. España: patria y matria. España: religión. España: Fernando Roig, Amancio Ortega, Juan Miguel Villar Mir, Florentino Pérez y yo, Sebastián Moncada, echando las redes en una misma singladura, oh. España: por encima de colores y diferencias. España, España, España.... ¡Yo soy español, español, español!

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Miércoles, 12 Octubre 2016 18:09

Buscando la Hispanidad personal

 
He ahí el Himno a la Raza Ibero Americana, de Vicente Nieto y José Mulet, con nombre, letra y partituras originales de 1919. Un tesoro rescatado del olvido como nueva contribución personal a la historiografía rosa de la Nación. Quién no quiere ser español después de esto, coño.
 
Os la dedico, amigos restantes; y se la dedico especialmente, en la conmemoración imperialista de la vieja Raza capitidisminuida -parezco un loco escribiendo, lo sé, lo sé, lo sé-, a los camaradas cuñados de izquierdas que convalecen estos días intoxicados de Podemos y ahí andan, o deambulan, en proceso de búsqueda de la Hispanidad personal; trastornados como Regan MacNeil pero sin voz cavernosa de demonio blasfemando, sino de arzobispo primado cantando a la lengua común, al azul del mar, al caminar del sol y a la unidad de destino, ora; ora de Javier Fernández llamando a amar al prójimo y a sus semejantes; entre delirios falangistas de grandezas conquistadoras; y visiones de Vizcarra, Maeztu y Gomá gloriándose en el evangelio de la lengua civilizadora de Cervantes, y al carajo si alguno no lo entendió a la primera.
 
Vizcarra, Maeztu y Gomá, por cierto y para más inri: dos vascos y un catalán que nos dejaron envuelto el regalito antes de querer pirarse.
 
Ea, camaradas: Viva España y que se nos empine el pollo de San Juan.
 
¡Neolatinos! ¡Que impere la raza
de Cervantes, de Cid y Colón!
Brille siempre radiante y hermoso
de sus ínclitos triunfos el Sol.
 
Con los lauros de Marte y Apolo,
nuestros padres tejieron la Historia.
En sus hojas deslumbra la gloria.
Cada línea es bellísima flor.
 
Eran ellos guerreros y sabios.
Ellos fueron titanes del Arte
y doquiera el ibero estandarte
con la raza en los siglos venció.
 
Sucesores de tanta grandeza,
defendemos la herencia preciada
del deber en la ruda jornada
con ahínco, constancia y valor
 
La Victoria está arriba ¡A la cumbre,
Paladines del Bien y el Derecho!
Con la Cruz redentora en el pecho
y en la diestra el nativo pendón.
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Miércoles, 16 Junio 2010 16:18

La selección y la bandera

La bandera en escala de grises

Hoy juega la selección, así que pasado mañana escribiré algo de la crisis y todo ese rollo. Como es a mala hora -a las 4, cuatro, tela- y no me va a dar tiempo de volver a recogerla, ya me ha dicho mi hijo que no regrese a casa si me olvido otra vez de la bandera, regalo del periódico, que guardo desde hace días en el cajón de mi mesa de trabajo. Antes, ya le ha reprochado a la tía que su camiseta de la Roja, con el 9 de no sé quién a la espalda, ni es oficial ni es de la temporada. Y seguramente también se lo habrá reprochado a sus dos abuelas, por si acaso.

Yo soy de la generación del sesenta y pico  -el viernes, por cierto, cumplo 40 tacos- y me libré de la mili. Por eso no hablo de quinta, sino de generación. Y no hablo tampoco de cohorte porque la demografía no era mi fuerte. Ni las matemáticas, como es evidente. Así que me libré de la mili, aunque no me libré de los rescoldos de algunas otras cosas.

Durante mi juventud -mi primera juventud, la mala, quiero decir-, no me libré, por ejemplo, de portar un sentimiento heredado de rechazo, de reserva y de reparo contra lo español, contra sus colores, contra la bandera. Un sentimiento contrario y no sé si contradictorio, porque no me impedía apasionarme con los partidos de la selección, aunque no pueda decir que disfrutándolos, pues desde lo de Cardeñosa hasta la Eurocopa la selección no había sido, en lo que recuerdo, más que motivo de disgustos.

Pero lo español se me ofrecía como una identificación de otros, de los Otros, como "su" bandera, con gran razón, pienso. Un pabellón que había sobrevolado a mi familia durante décadas provocando derrota y sufrimiento, contenido y latente, pero vivo.

Fortalecí aquel sentimiento anclándolo en idealizaciones y en relatos, comunicándolo en ambientes donde se retroalimentaba mientras reaprendíamos el himno de Andalucía -"los pueblos y la Humanidad"- y torcíamos por la selección "estatal" delante de la tele. Y todo lo armé ideológicamente en la universidad, donde me empapé de antropología, de etnicidades, de conciencias nacionales y de clases, bajo la atenta guía de profesores que, a veces, enmendaban sin pestañear a los traductores de Marx y Engels -y a los propios Marx y Engels, si hacía falta- para adaptar a modo su famosa cita sobre el ser nacional de la clase obrera.

Afortunadamente, después, creo que fui entendiendo rápido en qué consisten y qué trágico servicio prestan a la humanidad, en todos los ámbitos de la vida, las identidades fuertes. Y hoy no me siento muy amigo de ninguna enseña. No, no amo mi patria. Su fulgor abstracto es inasible.

Hoy, aunque sé que las cosas no son tan simples, las nuevas generaciones van echando agua y polvo sobre algunas cosas, van pasado de historias, reconstruyendo los símbolo de manera distinta y sacándole cuernos a los pollos. En fin, que esta tarde no me voy a poner la camiseta como Antonio, pero seré práctico y sufriré la siesta como cualquiera. Y no, hijo, no se me va a olvidar la bandera, aunque, puestos, tampoco me vaya a curar hoy del daltonismo.

 
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